miércoles, 30 de octubre de 2024

La novia

 Sonó el timbre de la puerta. Inés, que estaba sentada en el escalón de la doble altura de su nuevo piso resopló al oírlo. Al sonar una segunda vez se levantó a regañadientes y fue hacia la puerta. Abrió la puerta y vió a Paula, iba con su vestido de novia, el maquillaje corrido y el pelo suelto. La sensación de pureza que irradiaba contrarrestaba con la chupa de cuero negro que llevaba encima del vestido. Dejó los ojos calvados en Inés durante unos segundos en silencio. Se notaba el hinchazón y la rojez de haber llorado.
¿Puedo pasar?- Dijo Paula
-Si, si- contestó Inés. La dejó pasar y fue hasta el salón.  Paula entró. El piso era una sola estancia con cocina americana y baño, tenía grandes ventanas que daban a la calle por las que entraba mucha luz y sobre la doble altura una cama de matrimonio totalmente deshecha con ropa por encima. Paula miró por encima y vio las cajas de muebles suecos por montar.
-Es bonito- dijo Paula.
-Si, una bonita y cara caja de cerillas en Barcelona- contestó Inés
Paula miró por una de las ventanas con la vista pérdida.
-¿Que haces aquí?- preguntó Inés - No deberías estar en...
-¡No puedes! no puedes aparecer 2 días antes de mi boda así - dijo sollozando.
-Yo no lo sabía paula, ya lo sabes - contestó Inés.
- Ella me quiere ¿sabes? - dijo Paula 
- Pues claro y seréis muy felices, no tengo derecho a romper lo que has construido, lo nuestro solo fue una noche - dijo Inés.
Paula se alejo de ventana y fue hasta Inés poco a poco con la cabeza alta mirandola fijamente. 
-A veces la gente solo necesita una noche para enamorarse - dijo Paula.
Se quedaron muy cerca una frente a la otra en silencio. 

Desde los asientos de los invitados se veía una vaya de madera que separa la zona de la ceremonia del parking. Un Citroen 2 caballos apareció a toda prisa quedandose en el medio y bloqueando a varios coches. Del coche salió Paula corriendo hacia el altar. Estaba decidida, con la sensación amarga y dulce que da resolver los grandes conflictos que nos aparecen.


martes, 29 de octubre de 2024

La carrera

Era de noche y el cielo estaba nublado. Las nubes generaban extrañas formas y a través de ellas pasaba una luz azulada que daba algo de claridad. Delante de él se veía una masa negra deforme que eran árboles y arbustos. A lo lejos solo se veía la luz de los faros de los vehículos que pasaban por una carretera. Empezó a caminar.


Iba descalzo y notaba el frío y humedad del suelo en sus pies, el aire frio le llenaba los pulmones. Aceleró el paso cada vez más hasta que empezó a correr. Se adentró en la masa negra. Los matorrales le arañaban las piernas mientras esquivaba los árboles. Se sentía ágil atravesando ramas y maleza. Daba zancadas largas para esquivar troncos caídos y aprovechaba el impulso al caer para ir un poco más rápido. Nada podía pararlo.


¡Salto! Se elevó más de dos metros en el aire y sintió su cuerpo arder. Aterrizó y mientras volteaba para amortiguar la caída empezó a cambiar. Le salió pelo por todo su cuerpo, sus manos se convirtieron en patas, sus orejas se hicieron picudas y su nariz se alargó en forma de hocico. Se había convertido en un lobo de pelaje gris, siguió corriendo. Con cuatro patas podía hacerlo más rápido aún. Avanzaba sin parar. Se sentía desinhibido forzando todos los músculos y disfrutaba haciéndolo. Saltaba hacia troncos torcidos para apoyarse y elevarse de nuevo. No era capaz de parar. Salió de la negrura de los árboles y se lanzó al vacío.

Cayó en un pequeño estanque en el que se hundió hasta casi el fondo. Volvió a sentir un calor ardiente en todo su cuerpo. Sacó la cabeza del agua y nadó hasta la orilla. Se quedó tumbado boca arriba en su forma humana. Jadeaba sin parar con una sonrisa en la boca. Estaba satisfecho y feliz.

-¿En qué piensas?

El niño se sobresaltó, tenía la cabeza apoyada en el cristal de la ventanilla del coche.

-Nada papá, estaba mirando por la ventana. 

Tenía la mirada fija en la negrura del exterior.

Inclinó la cabeza para ver la cara de su padre por el retrovisor.

-¿Cuánto queda para llegar?

-Estamos a mitad de camino, en una hora estaremos en la casa de los abuelos 

-Vale. 

El niño volvió a apoyar la cabeza en el cristal y siguió mirando al horizonte nocturno cada vez más oscuro.

-¿Tienes ganas de ver a los abuelos? 

-Si, mucho. Papá no se ve nada fuera.


Thrennis 1

 Yuri estaba sentado contemplando los grandes cuadros que había ante él. Contaban la historia de la humanidad desde hacía mas de quinientos ...